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Facsímil de Último día en Lanjarón. Salobreña

Ya ha pasado otro día, y es el último de estar aquí. Una señora de Granada nos ha ofrecido su casa, pues ellas se van un día después, porque también llegaron un día después. Estamos en duda si aceptar o no. Nos parece un poco violento aceptar, pues son personas que hace días ni siquiera sabíamos que existían. Ellas dicen que con toda confianza aceptemos, para pagarnos los buenos ratos que las hemos hecho pasar. Yo me he hecho popular a cuenta de mi nombre, pues nadie sabía pronunciarle, y como en el balneario, para estar en el baño, te van nombrando, no veáis qué pitorreo tenían. Yo llevaba el chándal con una camisa amarrilla, y terminaron llamándome "la de la camisa amarilla", y el primer día me dijeron que no me enfadar porque me llamaran así. Yo dije que por supuesto que no, y con "la de la camisa amarilla" me quedé.

Hoy os escribo desde Salobreña, pues al final aceptamos y nos fuimos a Granada hasta que fueron ellas. Desde Granada nos fuimos a Sierra Nevada, pues ya que estábamos en Granada pensamos que no nos íbamos a ir a Valladolid sin ver la sierra, y así lo hicimos. Nos enteramos de la hora de los autobuses, y allá que nos lanzamos. ¡No veáis cómo nos hemos movido por estos sitios, como si fuéramos de estas tierras. ¡Cómo se aprende saliendo de casa!

Salobreña es un pueblo bastante majo. Estaremos tres días en la playa y recorriendo sus calles. Desde aquí iremos a Málaga, a coger el tren, que va directo a Valladolid, y de paso estaremos el día con María, que también quería que nos quedáramos unos días. Pero no podemos, ya tenemos los billetes del tren para evitar tentaciones.

Eufrosina

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